INTER-REAL MADRID

De repente se acabaron la alegría y los goles, pero no las victorias. En San Siro quedó un Madrid borroso, sometido a ratos, en manos de Courtois, obsesionado con no meter la pata, extremadamente conservador y que acabó ganando porque su portero estuvo milagroso en la primera mitad y porque se corrigió en la segunda. El banquillo, con asistencia de Camavinga y remate de Rodrygo, desenredó el partido. Lo mejor del duelo lo leerá en la clasificación, que le pone con cierta ventaja para acabar primero y evitar el segundo bombo, donde viven los caimanes.

No era cosa de Zidane, ni de Roberto Martínez, ni de una afición recelosa, ni de una parte de la prensa ensimismada con Vinicius, para el que suponía un tapón. Hazard remata y regatea la mitad que en el Chelsea y juega de blanco menos de uno de cada diez partidos completos. Es otro jugador y empieza a merecer otro trato. Ancelotti lo sentó en el partido más importante de este tramo de Champions para poner a Lucas Vázquez, un ejemplar jugador de compañía. Ya no cuelan ni las molestias propias ni la precaución ajena. El Madrid empieza a cansarse de esperar y sin él pisó San Siro ante un Inter afeitado por las ventas de Lukaku y Achraf a precio de megavatio hora.

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