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BAYERN-REAL MADRID Sin puntería ni veteranía

1563658899_600456_1563675171_portada_normal_recorte1Tienen de bueno los veranos que las derrotas son indoloras, aunque no tanto ante el Bayern, enemigo eterno incluso en julio y bajo la sombrilla. El Madrid clásico, el del primer tiempo, fue superior en juego y peor en puntería. El de las promesas, al que Zidane le dio la segunda parte, resultó un coladero, un cordero entre las fauces de un lobo. El Bayern le enseñó el peligro del fuego real y sembró las primeras dudas sobre el fondo de armario.

El volver a empezar de Zidane se situó en el punto exacto en que lo había dejado. En su primera etapa y en su fallido remake: sin Bale, que ni siquiera se vistió. El club no se molesto en alegar siquiera molestias físicas. No jugó porque Zidane no quiso. Su exclusión le indicó la puerta de salida y su reputación baja más deprisa que su hándicap. “Nada ha cambiado para él”, dijo el francés en la víspera. Y si lo ha hecho es a peor.
Diez clásicos y Hazard, el galáctico de última generación, formaron el once de Zidane en su tercer kilómetro cero. Ni canteranos ni fichajes por descubrir ni presuntamente prescindibles necesitados de escaparate en esa primera alineación que parece encerrar un mensaje: los que estaban parten con ventaja sobre los que llegan o, en traducción libre, los fichajes serán nutrientes del plan B, que presentaba las mayores carencias a ojos del técnico. Y con Isco y Asensio, de porvenir desteñido, como titulares. Su presencia en la casilla de salida parece alejarles definitivamente del mercado. Una alineación atrevida pero con una nota a pie de página: en la concentración no están ninguna de las dos patrulleras del centro del campo, Casemiro y Valverde.

También el Bayern vistió de media etiqueta. De los disponibles sólo se echó en falta de salida a Lewandowski y Gnabry. Y de los fichajes (118 millones hasta ahora) sólo fue titular el joven Arp, comprado al Hamburgo. Pavard empezó en el banquillo y Lucas Hernández sigue lesionado. También Rummenigge tiene trabajo este verano (Sané, Dembélé…).

Los primeros trazos dejaron dos buenas noticias para el Madrid: hay vocación por la recuperación rápida y la presión ambiciosa y Modric, sin un Mundial en la mochila, anda más ligero de piernas y de cabeza. Ya en la era Lopetegui dejó el equipo cierta voluntad de irse a por el contrario de salida, de meterse en sus terrenos para robar pronto. Pero una cosa fueron los principios y otra la constancia. Veremos hasta dónde alcanza esta vez el buen propósito. El Bayern, un equipo con un orgullo que no le cabe en el escudo, vestido de rojo pero de sangre azul, replicó con idéntica estrategia. Y dio primero, en un doble remate de Tolisso, un llegador: Marcelo salvó el primero y fue insalvable la segundo.

Benzema pierde el tino
Hasta entonces, en un escenario de equilibrio, el Madrid había estado más cerca del gol. Benzema probó con una volea lejana y falló luego en boca de gol ante un Neuer intuitivo y agilísimo que le cazó en el remate. El francés aún arrastra ese aire de delantero bueno pero piadoso, aunque generó todo el peligro, ese hecho tan preocupante como recurrente. El gol se redujo a él el curso pasado con las desastrosas consecuencias por todos conocidas.

Durante un buen rato, el tanto de Tolisso desordenó mucho al Madrid, que quedó muy desabrigado ante las contras alemanas, bien conducidas por Renato Sanches y Coman, dos promesas incumplidas hasta el momento.

Al otro lado, tardó en ponerse en marcha Hazard, ese futbolista con superpoderes llamado a cambiar la suerte del equipo. A él le dieron su arranque natural, desde la izquierda, con Asensio en la derecha, su banda favorita, y con Isco como mediapunta, ese puesto de aventurero que debe sentarle como un guante. Aun faltos de velocidad y de puesta a punto y ante un equipo con una marcha más, devolvieron el mando al Madrid, que volvió a perdonar en remates de Ramos, Benzema, Varane, Asensio, Hazard y Modric. También Thiago, Coman y Arp tuvieron su oportunidad. Courtois paró los tiros de los dos primeros y rozó el palo el disparo violentísimo y sin ángulo del tercero. Pero hubo momentos de bombardeo sobre un acertadísimo Neuer, que con el Benzema del curso pasado hubiera salido malparado.

El segundo acto fue de pura pretemporada. Zidane cambió a los once y se puso en manos del Madrid que está por venir: de Rodrygo a Vinicius, de los canteranos Javi Hernández y Seoane al prometedor Kubo. Y con Jovic, el analgésico de un ataque dolorido. El Bayern cambió menos (seis) y salió mejor frente a un grupo de desconocidos y muy por hacer, aunque más veloz y hambriento.

Thiago estuvo a punto de cazar un remate en plancha y Keylor le hizo una parada milagrosa a Tolisso. El costarricense, decidido a quedarse, está por ir a la pelea. También tuvo su oportunidad Vinicius, que sigue perdiendo en el remate lo que gana en su velocidad. El pase le llegó de Kubo, el japonés recriado en La Masía que va para ilusionista.

En cualquier caso, un equipo muy tierno para un depredador como el Bayern, ahora coronado por Lewandowski, que resolvió su primera ocasión con una impecable media vuelta a la red. Un veterano con condecoraciones muy a gusto entre aquel puñado de reclutas, que toleraron también el tercero, en remate a quemarropa de Gnabry. El Madrid final fue un equipo desencuadernado, sin orden ni concierto, expuesto a una goleada de las que tardan en curar, aunque quedó el buen sabor de un golazo de Rodrygo de falta.

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